Conocí este
libro por una entrevista que le hicieron a su autora en la radio y me lo apunté
en mi interminable lista de pendientes. Vi que estaba en la biblioteca a la que
mi marido va a su club de lectura de cómics y le pedí que lo cogiese. Y lo leí
en dos ratos. Creo que no hace falta que os diga que me ha gustado muchísimo.
Celia vive con
su pareja, Pablo, y con su hija, Matilda. En la misma casa en la que vivió con
Marina, su amiga. Han pasado seis años desde que ya no son amigas. Ni todo lo
que fueron: compañeras de piso, cómplices, socias de trabajo. Y para intentar
entender esa ruptura, ese vacío, Celia decide escribir sobre la cicatriz que le
ha dejado Marina.
Con un estilo
directo, sencillo pero certero, Celia recuerda cómo se conocieron, cómo fueron
los años de universidad estudiando Arquitectura, cómo se independizaron, los
sueños que tenían y que la crisis de 2008 y la vida se encargaron de destruir
en mil pedazos.
Esta es la
historia de dos mujeres, de su amistad, pero también de una generación que vio
cómo, de un día para otro, su carrera, su título universitario no valía nada,
cómo ya no podía pagar su casa. Para huir de todo este caos, de toda esta inseguridad,
de toda esta incertidumbre, Celia se refugia en el orden, en su laberinto mental,
en su pequeña oruga que devora la realidad.
Marina, en
cambio, se desvive por la vida de los demás, compite con ellos, para ser la
mejor en todo, para agradar, para conocer sus opiniones, para cumplir sus
expectativas imposibles. Tal vez porque ya no puede cumplir las de su madre.
Entre precariedad laboral y familias marcadas por la muerte y la depresión, los
traumas infantiles dejan paso a los cigarros compartidos, las series en el
sofá, los proyectos artísticos en común, todo ese mundo que han construido
juntas para refugiarse del de verdad, de las relaciones tóxicas, del estrés, de
la ansiedad, del cáncer… todo lo que supone una amenaza para ese nosotras que construyeron.
Construyeron.
En pasado. Y el problema es que Marina supo dejarlo atrás, vivir el presente,
mirar al futuro. Avanzar. Seguir. Y Celia, en cambio, no es capaz de estar en
el presente, en su historia, la de ella, Pablo y Matilda. Se ha quedado encerrada
en el pasado que compartió con Marina. En la ruptura. En el duelo. En la
cicatriz.
Congosto ha escrito la historia de Celia y Marina de una forma muy bonita,
reconfortante, cálida, aunque sea una historia desgarradora. Y de poner en
primera línea un tema injustamente olvidado: las amistades que se acaban.
Porque al igual que existe el duelo tras una muerte, la superación tras una
ruptura sentimental, también existe ese duelo, esa superación tras el fin de una amistad. Y en ese caso no hay funeral, no hay una lápida a la
que poder ir a llorar. Tampoco hay cicatrices. Solo un vacío. Una ausencia. Y
una amiga.
Una amiga que te persigue, que invade tu aquí y ahora, que pincha tu realidad. Que, aunque tú no lo quieras, aunque intentes evitarlo, te acompaña, sigue pegada a ti. Va contigo a todas partes, como puede ir este libro en la preciosa edición de bolsillo, pero de bolsillo trasero del vaquero, que ha publicado Blackie Books. Amiga mía, qué cosa tan bonita has hecho.

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