La biblioteca
pública a la que solemos ir ha organizado para celebrar el Día del Libro un reto
lector. Creo que nunca había participado en ninguno, pero esta vez me he
animado, y no solo yo, también mi marido y los dos peques, porque las bibliotecarias
han preparado cinco retos distintos tanto para adultos como para niños. Cada
uno está formado por seis libros, pero por cada uno que se lea entre el 14 de abril
y el 12 de junio ya se entra en un sorteo de cincuenta euros para comprar
libros, si se leen tres se logra el privilegio lector de poder llevarse a casa en
verano cinco libros durante cinco semanas en lugar de tres durante tres semanas
y si se leen los seis se puede pedir el libro que se quiera para que lo
adquieran en la biblioteca.
El reto que
elegí fue el misterioso, también había erudito, trotamundos, novedoso y
descubrimiento. Y empecé por el libro elegido a ciegas, que ni siquiera
lo elegí yo, sino mi hijo pequeño, pero tuve suerte. Algún día nos lo
contaremos todo, de Daniela Krien, me ha gustado mucho. No conocía ni
el libro ni la autora, pero sus 188 páginas me han sabido a poco.
La historia
está ambientada en la Alemania oriental en el verano de 1990, medio año
después de la caída del muro. Maria, la protagonista, vive en un pequeño pueblo,
en la granja de Johannes, su novio, junto a sus padres y sus abuelos. A sus 16
años, ve cómo el país en el que ha nacido y crecido empieza a desaparecer. Independiente,
soñadora y aficionada a la lectura, Maria no termina de adaptarse a la vida
en el campo y el trabajo en la granja, aunque la familia de su novio la trata
como una más.
Ha dejado el
instituto y no sabe qué va a hacer con su vida. Johannes, por su parte,
descubre que le apasiona la fotografía, que quiere dedicarse al arte, viajar y
descubrir mundo ahora que la frontera ya no existe. Ambos realizan excursiones
a la Alemania occidental, donde, sorprendidos y abrumados, descubren que las
personas, los comercios, los coches, las casas… todo allí es distinto.
Entre la
intimidación y la desconfianza de un pequeño pueblo, con la incertidumbre del
futuro que traerá la reunificación de ambos países, Maria y Henner se dejan
arrastrar por una pasión brutal, obsesiva, dura, autodestructiva.
Con pocos
personajes y escenarios, la autora consigue meternos en la historia con calma,
aplomo y sensualidad, pero también con tensión, drama y crudeza.
Me ha gustado mucho la historia, la trama en sí, que se lee con mucha fluidez,
pero también la ambientación, no solo la de un pequeño pueblo, ya sabéis lo que
se dice: pueblo pequeño, infierno grande, sino el escenario. Solo le he
encontrado una pega: lo corto que es y, para mi gusto, el final resulta
demasiado precipitado.
Todo está
magníficamente narrado en esta historia: la caída del muro, la disolución de la
Alemania oriental, la reunificación con la parte occidental del país y, por supuesto,
todos los contrastes, cambios y consecuencias que tuvo: pérdida de trabajos, recelos
entre los habitantes de ambos países, reencuentros de familias que vuelven a
verse y a contarse unos a otros todo lo que les haya sucedido.


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