Desde hace un tiempo había visto en varios blogs y redes sociales reseñas y comentarios sobre este relato de Jack London (Estados Unidos, 1876 - 1916) y la semana pasada tuve la oportunidad de leerlo. Anteriormente había leído En ruta y conocía algunos de sus otros relatos y ensayos cuyos temas más recurrentes son la causa obrera, la naturaleza y la protección del más débil. Respecto a esta última, hay que destacar que durante varios años vivió como vagabundo y recorrió el país como polizón en trenes. Viviendo de forma sencilla y despreocupada, una manera que le gustaba y a la vez le hacía sufrir. Supongo que porque conocía al autor me ha desagradado más aún su lectura que si no hubiese sido así, además de mostrarme una preocupante falta de lectura crítica por parte de algunos blogs de literatura de ciencia-ficción que sigo. Por eso me he animado a escribir esta breve reseña sobre este relato, aunque rompe mi costumbre de reseñar libros que me parecen recomendables.
Para explicaros mi desagrado expondré el argumento de esta obra de género ucrónico: el Imperio chino, tras su colonización por parte de Japón comienza una época de modernización y desarrollo, haciéndose un hueco entre las potencias mundiales y provocando temor a las naciones occidentales a que les arrebate la supremacía. Recordemos que este relato se escribió a principios del siglo XX, cuando todavía se le llamaba a dicho país el gigante dormido. Este planteamiento me ha parecido interesante, ya que tiene varios puntos que se aproximan sin llegar a coincidir con la realidad del mundo actual, donde realmente se ha convertido en la segunda potencia mundial y es previsible que llegue a ser la primera en un futuro cercano. En este relato occidente emprende un plan para evitar que esto suceda, por respeto al lector lo contaré en el siguiente párrafo, aviso por si alguien no quiere que le destripe el argumento, pero es esencial para poder justificar mi opinión al respecto.
London fantasea con lo que es básicamente un genocidio en China infectando a la población con diversas enfermedades. Para ponernos en situación, a principios del siglo XX Estados Unidos vivía en la paranoia por el Peligro chino, un pensamiento xenófobo contra la emigración china que vivía ese territorio. Aunque es evidente que todos somos hijos de nuestro tiempo, teniendo en cuenta el mundo en el que vivía, es decepcionante haber comprobado que en las reseñas que había leído no mostrasen algo tan desagradable. Creo que una de las funciones de la crítica literaria es destacar los aciertos y los errores de todos los autores y, por tanto, hacer una lectura siempre juiciosa, aunque sean textos que muestran el cambio de mentalidad.
En conclusión, esta lectura ha sido un fiasco. Como he comentado antes, había leído varios textos del autor que muestran su compromiso con la lucha sindical y también su otra faceta con obras como Colmillo Blanco. Viendo lo que se ha publicitado en diversos medios sobre este relato, me preocupa que algún lector se haya aproximado a este autor a través de esta obra. No os lo recomiendo a nadie. Lo siento, Jack.

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