Retomo el blog
con un libro muy especial. En primer lugar, porque lo leí en el club de lectura
al que me apunté en enero. En estos meses hemos leído Las gratitudes, de
Delphine de Vigan; Hija de la tierra, de Agnes Smedley; El largo sueño
de tu nombre, de Amaia Oloriz Rivas, y Elogio de las manos, de Jesús
Carrasco.
Es la segunda
vez que participo en un club de lectura. Durante el curso 2024-2025 organicé
uno mensual en una casa rural y esta vez formo parte como asistente de uno en
una biblioteca municipal. Me está resultando una experiencia maravillosa poder
comentar los libros con lectores de todas las edades y leer obras que, de otra
forma, probablemente no hubiese escogido.
Conocía a
Jesús Carrasco, aunque aún no lo había leído. Y tengo que decir que este primer
encuentro con su obra no ha podido ser mejor. Elogio de las manos es una
novela autobiográfica en la que el narrador y su familia llegan en 2011 a una
casa en un pequeño pueblo andaluz. Está casi en ruinas, saben que antes o después
la van a derruir para construir apartamentos turísticos, pero mientras deciden
utilizarla como lugar de vacaciones e ir arreglándola, mejorándola y, sobre
todo, habitándola poco a poco.
Día a día van
haciéndola suya. No son los propietarios, ni siquiera sus únicos habitantes, ya
que por la casa van pasando amigos, familiares, otros conocidos del dueño. Y
todos van dejando su huella con arreglos, adornos, detalles.
Una casa en
ruinas se va convirtiendo en un hogar acogedor, un lugar de encuentro y
celebración, pero también un pequeño refugio lleno de calma, tranquilidad,
animales, naturaleza, aire libre.
Van pasando
los años, vemos cómo las hijas del narrador van creciendo, cómo se consolida su
carrera literaria, cómo transcurre su matrimonio, cómo afrontan las
enfermedades de familiares, cómo se fortalecen los vínculos con los vecinos del
pueblo…
Pero, sobre
todo, somos testigos del día a día de la familia en la casa. Comidas, música,
risas, celebraciones con vecinos, amigos y familiares. Su convivencia con
gallinas, caballos, burros, perros, gatos… Disfrutan, exprimen el presente, el aquí
y el ahora, pero nunca pierden de vista que todo eso, algún día, terminará, porque,
aunque no saben cuándo, sí saben que la casa va a ser derribada. Me ha parecido
una metáfora preciosa de la vida. Se entregan a ella aun sabiendo que va a terminar.
La novela no
tiene una trama como tal, pero tampoco le hace falta. Sí tiene en cambio un
hilo conductor, el trabajo manual que tanto fascina al narrador. El protagonista
rememora sus recuerdos de infancia, el trabajo manual de su padre como
encuadernador de libros, reflexiona sobre cómo un vecino ensilla a los caballos
y burros, se queda absorto al ver al herrero calzar a los caballos…
Él, su mujer,
sus hijas, su cuñado, los vecinos… todos trabajan, de una u otra forma, con sus
manos. Cultivan sus huertas, cocinan, arreglan la casa, cuidan a las personas y
a los animales… El autor reflexiona sobre el trabajo manual con profundidad,
pero, al mismo tiempo, de forma ligera y sutil.
Una novela llena
de intimidad, complicidad, comodidad y sensibilidad. Una historia que nos hace
sentirnos parte de esa familia, recordarla con cariño, sentirnos en casa. Una obra
preciosa, inolvidable, sencilla y pausada, reconfortante, que nos habla de la
importancia de la familia y los amigos, de los recuerdos, de todo lo que
podemos lograr con nuestras manos, ganarnos la vida, sostener la de otros.

2 comentarios:
Hola, los clubs de lectura están muy bien porque te permiten salir de tu zona de confort y hacerlo en compañía. De Jesús Carrasco solo he leído Intemperie, me apunto esta que no la conocía. Un abrazo.
Mar:
Muchas gracias por tu comentario. Eso es justo, salir de la zona de confort como lectores pero acompañados es una experiencia muy recomendable. Yo al revés, tengo Intemperie esperándome en la mesilla. Espero que disfrutes de esta tanto como yo. Un abrazo.
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