No conocía ni la novela ni el autor, pero me prestó el libro mi tía diciéndome que le había gustado mucho a pesar de lo duro que es y me animé a darle una oportunidad. Es cierto que es una historia muy dura, pero también la he disfrutado mucho.
Escrita en primera persona, en esta obra el narrador, incapaz de visitar a su padre, nos ofrece un relato devastador sobre el maltrato en la familia, de padres a hijos y entre la pareja.
Pero también es un doloroso retrato sociológico de la Málaga de los años setenta, cuando el turismo, los restaurantes, los bares y las discotecas explotaron la economía de la zona y con ellos llegaron también el alcohol, las drogas, el sexo, las noches desenfrenadas y los abusos de todo tipo. En plena dictadura franquista, esta fue una insólita apertura en forma de diversión y juerga, aire fresco para una sociedad que ni en sueños habría imaginado noches de orgías sin fin.
Estamos ante una historia poderosa, oscura, dura y, al mismo tiempo, necesaria. Llena de escenas que nos obligan a dejar de leer, obscenas y desgarradoras, brutales.
Pero el autor ha logrado algo que parecía imposible, ha convertido una historia triste, dura, en algo bello, lleno de talento literario.
Para intentar cerrar las heridas que sus padres, sobre todo su padre, le hicieron durante su infancia y adolescencia, el narrador decide escribir un libro contando su historia familiar. Para ello va recopilando testimonios, anécdotas, recuerdos, puntos de vista de familiares y amigos, pero nunca de su padre, con quien no se atreve a retomar el contacto.
El miedo que sigue sintiendo solo con pensar en su padre lo paraliza. Es como una infección que ha invadido toda su vida y le ha condicionado a todos los niveles a lo largo de los años.
Estamos en julio de 2010, cuando el narrador tiene 37 años, justo un año después de que su madre muriese ahogada en su propio vómito.
El padre, un borracho que maltrató a su mujer y a sus dos hijos, llenó a la familia de miedo, odio y rencor, especialmente al hijo mayor, el narrador, ya que su hermano sí mantiene el contacto con el padre.
Algo que el narrador no entiende. Él desea su muerte, quiere matarlo. Siente que todo está enquistado, quiere perdonarlo y perdonarse, seguir adelante. Pero su obsesión por vengar el odio inoculado, la herencia de violencia que ha pasado de su padre a él y a su hermano y que le da pánico que pueda transmitirles ahora a sus dos hijas se lo impide.
Aunque no han tenido relación con su familia paterna, el narrador sabe que su padre era el mayor de siete hermanos y siempre, desde muy pequeño, se creyó Dios, mejor que todos, por encima de todo el mundo. Un soberbio y manipulador que buscaba siempre ser el centro de atención y lograr la aprobación de todos los que le rodeaban. Un padre competitivo que tenía que ser siempre el mejor de todos en todo, aunque para eso tuviese que humillar, maltratar y destrozar a sus hijos.
Poco a poco el narrador va reconstruyendo la historia de sus padres para intentar entenderlos y entenderse a sí mismo. Una historia vivida en el infierno.
Su madre, un bellezón de menos de veinte años, fue seducida por el padre, alguien encantador de puertas afuera, generoso con sus amigos y compañeros de trabajo, pero un egocéntrico maltratador de puertas adentro.
Tanto su padre como su madre quedaron atrapados en una espiral de autodestrucción, sexo, violencia, drogas y alcohol que les destruyeron a ellos y a toda la familia. El narrador y su hermano crecieron sin cariño, sin amor, sin nadie que les protegiese y cuidase, sin referentes, sin nadie que les preparase la comida cuando volvían del colegio. Y sintiendo que quienes debían protegerlos los destrozaban día a día.
En un descenso al abismo de sus recuerdos, el narrador reconstruye un retrato doloroso, desgarrador, en el que el miedo es el protagonista absoluto. El que su padre le hizo sentir de niño y de adolescente. El que sigue sintiendo de adulto. El que no quiere transmitir a sus hijas.
Ese miedo que siempre lo ha paralizado, que siempre ha sufrido y que ahora le sirve como aliciente para escribir la historia de su familia. Sabe que viene de ese miedo, que siempre va a vivir en él.
Me he quedado con la duda de si es una obra autobiográfica o no, aunque no creo que eso le reste calidad a esta maravilla que ha logrado el autor con esta historia.
Es una lectura difícil, dolorosa, pero que se queda muy adentro, de las que se recuerdan siempre. La historia de un depredador, de una infancia llena de hostilidad, cruda, desgarradora, que nos habla de terror, pero también de resiliencia, de ese deseo de seguir adelante, con heridas, con cicatrices, con miedo.

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