Intimidades ha sido el último libro de este curso del club de lectura en el que participo. No conocía ni el libro ni a la autora, pero me ha gustado mucho y creo que ese es uno de los principales beneficios de los clubes de lectura, que nos hacen salir de nuestra zona de confort y leer obras que no hubiésemos elegido por nosotros mismos.
La protagonista, de la que no conocemos su nombre, es una joven que se muda de Nueva York a La Haya para trabajar como intérprete en el Tribunal Penal Internacional. Lo que parece algo que puede llenar su vida profesional y personal con un buen puesto de trabajo, una nueva relación sentimental con Adriaan y nuevas amistades, especialmente con Jana, que le introduce en su círculo de amigos, poco a poco vemos que no es suficiente para llenar el vacío, la nostalgia, la insatisfacción que siente.
Ese malestar proviene sobre todo de la continua búsqueda de un lugar donde sentirse en casa, al que pertenecer y olvidar el desarraigo que siente. Su padre falleció tras una larga enfermedad, lo que la empujó a alejarse de Nueva York, que ya no era su hogar. Su madre vive en Singapur. Pero ella siente que no pertenece a ningún sitio.
Y toda esa angustia se agrava cuando Adriaan se marcha a Lisboa para formalizar el divorcio de Gaby, su esposa, y pasar unos días con sus hijos.
Mientras le espera en su piso, donde también se siente una extraña, recibe el encargo de traducir durante un juicio a un exjefe de Estado de un país africano acusado de crímenes de guerra, lo que la obliga a hacer suya la voz del criminal y a establecer con él una suerte de complicidad que nunca hubiera deseado. Pero no puede negarse porque la renovación de su contrato aún está en el aire.
Introvertida, observadora y callada, intenta pasar desapercibida entre tantas incertidumbres personales y laborales que le hacen sentirse perdida y atrapada en un laberinto.
Para encontrar la salida se refugia en lo que conoce, lo que le da seguridad y certezas, la comunicación, tender puentes entre diferentes idiomas y lenguas.
Las distintas relaciones e intimidades que se van creando con compañeros de trabajo, familia, amistades y conocidos y las expectativas propias y ajenas que van surgiendo es otro de los temas de la novela.
Estamos ante una obra con pocos personajes y La Haya es uno de los principales, la ciudad, el espacio, cómo lo habitamos, qué nos hace sentir, el refugio que puede proporcionarnos un hogar, la hostilidad que puede amenazarnos en las calles.
Con un final demasiado abierto para mi gusto, la historia resulta intensa, cercana, familiar, certera, pero al mismo tiempo desconcertante. Con mucho ritmo y fluidez, esta lectura adictiva nos hace reflexionar sobre hasta qué punto conocemos a las personas con las que compartimos nuestras intimidades.
Una historia con dosis de suspense psicológico que nos habla también del poder y de la violencia. Una obra corta pero fascinante, sugerente, minimalista, sutil, delicada, sigilosa, íntima.

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